Ritmo acelerado. Nervios continuos. No era el momento que desearías volver a vivir, pero ha vuelto. Ya lo viviste una vez y fracasaste estrepitosamente. Venías de creerte el mejor, y lo eres; sin embargo, te quedaste dormido en el Olimpo cuando tenías que demostrar toda tu valía y talento. Recibiste el primer golpe, el que te dejó grogui y con baja autoestima. Era el primer problema, pero aún tenías tiempo de reaccionar, podías luchar para evitar que te enterraran más. No solo fallaste otra vez, sino que también complicaste aún más el asunto. Parece mentira, pero aún tenías una oportunidad más, la definitiva; todo o nada, el riesgo que tanto has vivido. Aquí sí luchaste, diste todo lo que tenías en tu interior. Aun así, no fue suficiente. Te convertiste en el fracaso personificado; necesitabas volver a empezar.
Llegaste a un nuevo ring, las dudas nublaban tu mente, el orgullo reclamaba lo perdido. Inexplicablemente, te volviste a despistar y te reencontraste con tu primera experiencia. Volvían los temibles fantasmas del pasado, pero tú lo tenías claro; esta vez no podrían contigo. Hiciste lo que tenías que hacer, luchar con valor y fuerza, sin buscar más complicaciones. Ahora, por fin, triunfaste. Demostraste de lo que eres capaz, que podías dar un golpe de Estado para recuperar el reino perdido. Sin embargo, a pesar de lo demostrado, la campana todavía no ha sonado. Es la hora del golpe definitivo, la tercera ronda.
En el pasado llegaste con miedo, asumiendo la caída sin haberte asomado por el precipicio. Ahora, te enfrentas al golpe final con confianza, creyendo en tus posibilidades, teniendo el control desde el principio. Sabes que la situación es parecida, pero no igual. Las condiciones serán más duras, ya no puedes volver magullado, te quieren de una pieza. Eres consciente de que ahora hay todavía más cosas que no quieres dejar escapar; emociones, recuerdos, experiencias, futuro, ... Cualquiera lo vería como una presión muy fuerte, y sabes que es así. Lo tienes presente, pero sin dejar que te entre la paranoia. Vas dispuesto a todo, con la gloria en mente; y triunfarás. Has recuperado el pensamiento ganador que te hizo objeto de envidia. Recuerda siempre esa idea y todo lo que le rodea:
"I am the best in the world"
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