Una vez más, he vuelto por casa; y eso significa que vuelvo a tener la oportunidad de volver a dejar aquí una huella mía. Desde que me pasé por aquí la última vez ha pasado un montón de cosas: finales, sorpresas, confidencias... En resumen, mucha locura, más de la deseada. Y yo que pensaba que en periodo de exámenes el mundo iba a estar calmado...
Por eso volver a casa, aunque por poco tiempo, es algo que viene bien para desconectar. Mi gran receta para ello, dar una vuelta por la playa de Las Canteras. Es algo que tengo que hacer cada vez que vuelvo a Gran Canaria; y siempre merece la pena. ¿Por qué?
- El ruido de las olas del mar hace que te olvides de las malas palabras.
- El tacto de la arena es sublime; y aún más si está mojada.
- La arena es un buen remedio para todo.
- La arena en los zapatos no es un incordio.
- El agua fría te da la vida.
- Si la arena no es lo tuyo siempre te queda ver la marea desde el paseo.
Creo que ha quedado claro que Las Canteras forma parte de un pedacito de mi alma. Y eso que no he hablado de borrachos nórdicos que salen, de charlas sinceras al son de los columpios, de llamadas de las que no hay coraje para hacer, de porciones de pizza al ritmo de golpe de ola; vamos, de lo que viene a ser el arsenal de anécdotas personales.
Y si las nubes están presentes y la lluvia hace acto de presencia, peor para el sol. Las Canteras es y será un lugar especial para mí.
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