martes, 6 de agosto de 2013

París es especial

No tenía previsto escribir una entrada hablando de mis vacaciones, pero creo que las circunstancias han acabado convenciéndome de que lo hiciera. Ha sido uno de los mejores viajes que he hecho y me he quedado maravillado con las dos ciudades: Londres y París. Hoy pretendo hablar de la capital francesa; bella como ninguna (y estresante).

La mañana del primer día la pasé montada en uno de esos típicos autobuses que te dan una vuelta por la ciudad para que veas los edificios y monumentos más famosos. Todo esto bajo un sol abrasador. No podía ser un plan tan malo, salvo que te intenten atropellar. Un paso de peatones, ningún semáforo a disposición del público y un montón de conductores dispuestos a llegar a su destino cueste lo que cueste. Intenté cruzar como lo haría cualquier persona, despacio y con calma, el paso de cebra me ayudará.... ¡Error! Ninguno quiso frenar; eso o todos querían verme correr cual gacela Thompson. Y el sol, dale que te pego. Estos franceses están locos.

Ya en el bus, recibiendo todo los rayos de sol posibles, pensaba que estaba pasando un auténtico suplicio. Pero algo me pasaba porque no lo terminaba de ver como algo tan malo. ¿La razón? La ciudad, París. Tanta calle perfectamente planificada, tanta historia, tantos edificios y monumentos impactantes... Cuesta no enamorarse de algo tan bonito, llega hasta tal punto que te olvidas de esos insignificantes detalles que te desagradaron. Si París fuera una mujer, sería la más hermosa que te puedas imaginar. Como me dijo una amiga en un mensaje, París "es especial".

Lo admito, me he quedado con más. Lo proclamo, quiero volver a pisar esas tierras parisinas, pero con más profundidad. Lo advierto, será un viaje que no querré hacer solo, que alguien me acompañará. Lo confieso, quien me acompañe será especial; tanto o más que París.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Do I have everybody's attention now?